Cambio de mente.

Nuestra condición espiritual está directamente relacionada con la manera en que pensamos. Si no hay un cambio de mentalidad, una verdadera metanoia, no podremos ver ni vivir conforme al propósito de Dios. Personajes como la esposa de Lot, Saúl, el joven rico y los fariseos ilustran cómo una mente no renovada impide avanzar en fe.

Números 14:6-10
Reina-Valera 1960
6 Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, 7 y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. 8 Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. 9 Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. 10 Entonces toda la multitud habló de apedrearlos.


Josué y Caleb tenían una mente renovada —¡metanoia!— una mentalidad alineada con el Reino de Dios, convencida del poder divino para convertir lo imposible en posible. Su forma de pensar reflejaba libertad, seguridad y convicción. En contraste, los otros diez espías se dejaron dominar por una mente limitada, enfocada solo en lo que veían. Pensaron desde su humanidad, creyeron que no podían, que fracasarían, y que era mejor volver a la esclavitud, aun después de haber visto la fidelidad de Dios. Murmuraron contra lo que Dios podía hacer. Ten cuidado de adoptar esa misma mentalidad incrédula: no solo trae consecuencias dolorosas, sino que impide entrar en las promesas de Dios. La clave está en rendirlo todo a Él y permitir que transforme nuestra manera de pensar.

Somos seres tripartitos: cuerpo, alma y espíritu, y nuestros miles de pensamientos diarios pueden estar influenciados por una lógica aprendida sin Dios. Desde pequeños somos formados para confiar en nuestras capacidades humanas, pero sin Dios, todo éxito es vacío. La transformación comienza cuando buscamos primero el Reino de Dios. También debemos cuidar nuestras amistades y entorno, pues ambos moldean nuestra percepción y dirección. Si nos rodeamos de voces sin visión divina, corremos el riesgo de retroceder.

Hoy es el día para rendir nuestra mente a Cristo, permitir que Él la transforme y así cambiar nuestra condición presente y futura. Aunque no entendamos todo, podemos seguir creyendo, porque para Dios nada es imposible. La gloria venidera será mayor, pero todo comienza con una mente renovada.

Ps. Melvin Poncio
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