
Conociendo a Dios.
Una de nuestras tareas más importantes como creyentes es pedirle constantemente a Dios que nos permita conocerle más. Servimos a un Dios majestuoso, poderoso, santo, soberano y único. Sin embargo, es fácil llegar a un punto en la vida cristiana en el que creemos que ya lo conocemos plenamente. Pero la verdad es que jamás terminaremos de comprender al Dios maravilloso que tenemos, pues nuestras mentes son limitadas frente a su grandeza.
La historia de Job ilustra este principio de forma profunda. Job era un hombre temeroso de Dios, alguien que lo honraba sinceramente. A pesar de su fidelidad, atravesó una dura prueba. No fue castigo, sino una temporada de purificación. Y aunque sufrió, nunca dejó de confiar. Ya sabes de quién hablo: de ese siervo admirable que agradó tanto a Dios que, después de la prueba, fue bendecido con el triple de lo que tenía antes.
Job pasó por un “desierto”, pero no estuvo solo—Dios lo sostuvo. Y al final, él reconoció algo extraordinario. Y lo mismo quiere hacer Dios con tigo, en cada momento Él quiere sostenerte y ayudarte a otro nivel donde nos hagamos dependientes de Dios no de nadie más.
En Job 42:5, declara: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.”
¡Qué poderoso testimonio! A pesar de ser temeroso y obediente, fue a través del fuego de la prueba que Job realmente llegó a conocer a Dios.
Así que, ¿por qué conformarnos con lo superficial? Permitamos que Dios se revele más y más a nuestras vidas. Pidámosle que nos ayude a experimentar, conocer y ver su gloria en nuevas dimensiones. Porque aún hay mucho más de Dios por descubrir.
Ps. Melvin Poncio
Descubre más publicaciones