Conversaciones

Qué valioso es disfrutar de una buena conversación con amigos y familiares, donde las palabras fluyen con armonía, enriquecen el alma y edifican el corazón. En esos momentos, podemos expresar lo que sentimos, recibir consejo, consuelo y experimentar el afecto genuino de quienes nos rodean. Son espacios donde la comunión se fortalece y el amor se manifiesta en cada palabra compartida.

Marcos 5:19
19 Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.


Sin embargo, también existen conversaciones que requieren prudencia y discernimiento. Aquellas que se centran en hablar mal de otros, fomentar contiendas o girar en torno a temas vacíos y sin propósito, lejos de edificar, contaminan el espíritu. Es sabio apartarse de ellas, no participar en lo que no edifica, y desechar todo aquello que no glorifica a Dios.
La Biblia nos muestra un ejemplo poderoso en el hombre gadareno, quien fue liberado por Jesús de una condición demoníaca. Luego de esa transformación extraordinaria, el Señor le dio una instrucción clara.

“Vuelve a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo” (Lucas 8:39). Así como él, nosotros también somos llamados a compartir lo que Dios ha hecho en nuestras vidas.
Cuando se presente la oportunidad, no dejemos pasar el momento de hablar de Dios. Hay conversaciones que, más allá de lo cotidiano, se convierten en escenarios divinos para testificar del poder, la gracia y el amor que hemos recibido. Que nuestras palabras sean luz, y nuestras pláticas, canales para presentar al Dios que se ha manifestado en nosotros.

Ps. Melvin Poncio
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