El peligro de no reconocer

Como seres humanos estamos expuestos a muchas acciones negativas. Estas pueden afectarnos gravemente si las vemos como algo normal o pensamos que, por el simple hecho de ser humanos, siempre vamos a fallar. Sin duda vivimos en un cuerpo inclinado al pecado, pero con el poder del Espíritu Santo podemos vencer toda tentación y todo pecado que busca esclavizarnos.

Salmos 51
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría,Y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti,Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; Cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.


David escribió el Salmo 51 después de reconocer, por medio de la confrontación del profeta Natán, que estaba en pecado. Él pudo haberse quedado en su condición, pero tomó la decisión más valiente: acudir a Dios y pedir misericordia. Esa es la misma acción que todos podemos tomar cuando fallamos: ir a Dios y recibir el perdón que solo Jesús puede dar. David se arrepintió y fue perdonado.

No sé en qué situación te encuentres hoy ni qué cosas sigues haciendo que no están bien. Pero te invito a pedirle a Dios que te ayude a soltar aquello y que, con todo tu corazón, le pidas perdón para encontrar en Él la restauración.

Lo que debemos evitar es caer en la suposición de que estamos bien cuando en realidad estamos mal. David pensó que estaba bien, pero estaba equivocado. Digámosle a Dios, como lo hizo David, con una oración sincera y un corazón humillado, para que podamos ver cómo Él obra en nuestra vida.

Ps. Melvin Poncio

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