
El poder de la adoración.
En medio de la diversidad de gustos musicales y gĆ©neros, hay algo que debe cautivar nuestro corazón: la adoración, mĆ”s allĆ” del avivamiento. La adoración es una conexión Ćntima entre tĆŗ, tu voz y Dios. Es ese momento en el que cerramos nuestros ojos, seguimos la armonĆa de la melodĆa y nos unimos en un mismo ritmo, dejando que cada nota nos acerque mĆ”s a Su presencia.
A diferencia de los coros o alabanzas de avivamiento que tambiĆ©n son valiosos y llenos de alegrĆa la adoración nos invita a un encuentro mĆ”s profundo, libre de distractores, donde el corazón se enfoca Ćŗnicamente en Dios. No digo que las alabanzas festivas sean malas; al contrario, tienen su propósito. Pero hoy quiero compartir el anhelo de experimentar al EspĆritu Santo en medio de la adoración, de sentir ese abrazo divino que nos envuelve cuando silenciamos el ruido del mundo y nos conectamos con lo que Dios quiere ministrar en nosotros.
Juan 4:22-24
Nueva Traducción Viviente
22 Ustedes, los samaritanos, saben muy poco acerca de aquel a quien adoran, mientras que nosotros, los judĆos, conocemos bien a quien adoramos, porque la salvación viene por medio de los judĆos. 23 Pero se acerca el tiempoāde hecho, ya ha llegadoācuando los verdaderos adoradores adorarĆ”n al Padre en espĆritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. 24 Pues Dios es EspĆritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espĆritu y en verdad.
JesĆŗs, en su encuentro con la mujer samaritana, seƱaló que muchos no sabĆan adorar porque lo hacĆan sin comprender la importancia y el poder de una adoración genuina. La verdadera adoración no se centra en nosotros ni en nuestras heridas, sino en Ćl y solo en Ćl es donde se hace agradable.
Dios desea que tú y yo seamos esos verdaderos adoradores, capaces de sentir Su presencia en cualquier lugar: en casa, al conducir, en tu habitación⦠donde decidas apagar el ruido exterior y conectarte con la fuente que sacia todo nuestro ser.
Te invito a dar ese paso: disponte a ser ministrado por Su poder, hasta experimentar la grandeza que, como seres humanos, podemos recibir a través de una adoración sincera y profunda.
Ps. Melvin Poncio
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