El poder del lo inposible.


Ezequiel 37:1-10
La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. 2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. 3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. 4 Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. 5 Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. 6 Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová. Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. 8 Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. 9 Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. 10 Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.

Es impresionante cómo lo lógico deja de ser coherente cuando hablamos de las manifestaciones del poder de Dios. Desde las cosas más pequeñas hasta lo que parece imposible, Él quiere mostrarnos su poder. Sin embargo, algo que vemos cada vez con más fuerza es el deseo de que Dios haga algo por nosotros, aun cuando no estamos dispuestos a hacer algo por Él. Tristemente, muchas personas solo esperan recibir, pero no muestran compromiso, obediencia ni consagración.
He visto personas recibir sanidad por pura misericordia, y luego olvidarse de quién los sanó. Dios no solo quiere obrar en sanidad —aunque claro que puede hacerlo—, sino que vino con un propósito mayor: salvarnos. Y es precisamente lo que menos preocupa a la humanidad hoy. La salvación, que es dada por gracia mediante el arrepentimiento, implica reconocer nuestra condición de pecadores y admitir que la vida que llevamos no está bien.

En el libro de Ezequiel, Dios muestra su poder al dar vida a lo que para nosotros jamás sería posible en lo lógico. Ese es el Dios al que sirvo: el que hace posible lo imposible. Pero no lo limito a un milagro. Él es más que sanar, más que responder una petición, más que cumplir mis sueños. Es todo lo que mi vida necesita: tener a Dios en mi corazón y estar seguro en esta vida pasajera.
Ezequiel estaba seguro y caminaba como Dios quería. Eso mismo es lo que cada uno de nosotros debe hacer: vivir en obediencia, consagración y confianza plena en el Señor.

Ps. Melvin Poncio

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