Es un requisito indispensable.

Jesús nos enseñó, nos cautivó y nos confrontó a través de su palabra, dejando momentos únicos y emblemáticos en la historia de la humanidad. Cada relato, cada suceso, lleva un mensaje profundo para esa generación de ese momento, las venideras  y para las nuestras. Hoy meditamos en un acto sublime, donde un Dios santo, puro y noble revela su amor: Jesús lava los pies de sus discípulos. 

Juan 13:3-17
3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

¿Puedes imaginar cómo estaban esos pies, cubiertos de polvo, sudor y lodo, tras largas caminatas con sandalias rústicas? Él los lavó con amor, restaurando simbólicamente su vida espiritual. Y así como ellos, nosotros también llegamos con los pies sucios, desgastados por el pecado y la indiferencia. Yo los tenía así, hasta que un día, como muchos que decidimos recibirlo, Jesús lavó los míos. Al principio, como Pedro, no queríamos por vergüenza, pero entendimos que sin ese lavado, no podríamos entrar en su Reino. Entonces le dijimos: "Jesús, lávame, quita lo que no te agrada, arranca de raíz lo que no es tuyo". Hoy te invito a reflexionar sobre lo vital que es ser lavados por Él, porque sin esa limpieza, no podremos estar un día donde Él está.

Ps. Melvin Poncio

Abrir chat
Hola 👋
¿En qué podemos ayudarte?