
Evadiendo o confrontando.
Mateo 7
No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
La Biblia nos enseña en Mateo 7 que no debemos juzgar a los demás sin antes examinar nuestro propio corazón: “¿Cómo puedes decirle a tu hermano: ‘Déjame sacarte la paja del ojo’, cuando tú tienes una viga en el tuyo?” Esta palabra, que llama a la humildad y al discernimiento, hoy a veces se malinterpreta como una excusa para evitar confrontar lo que está mal. Pero no se trata de callar ante el pecado, sino de hacerlo con amor, verdad y ejemplo.
La crítica que no edifica, que solo condena, juzga y sentencia, no proviene del corazón de un hijo de Dios. Solo Él tiene la autoridad para juzgar con justicia perfecta. Nosotros, como hijos suyos, estamos llamados a aconsejar con humildad, sabiendo que también estamos en proceso de transformación. No podemos guiar a otros si no permitimos que Dios primero obre en nosotros.
Dios desea que seamos instrumentos de restauración, no de juicio. Hay personas que necesitan escuchar, no nuestras críticas, sino nuestro testimonio: lo que Dios ha hecho en nuestras vidas y cómo puede obrar también en la suya, sin importar la condición en la que se encuentren. Que nuestras palabras reflejen gracia, verdad y esperanza
Ps. Melvin Poncio
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