Una fe verdadera


Hebreos 11:6
6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.


La verdadera fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11-1). No es un logro humano ni un mérito alcanzado por esfuerzo propio; es un don gratuito de Dios, cimentado en la confianza absoluta en Su palabra. Este camino no permanece inmóvil, sino que nos impulsa a un crecimiento constante hacia la madurez espiritual. En ese proceso, Dios transforma incluso nuestras heridas en instrumentos de fortaleza, permitiéndonos avanzar de victoria en victoria.

En contraste, existe una fe aparente y manipulada ( una fe falsa) que se aparta de la voluntad divina para enfocarse únicamente en los deseos y necesidades personales. Es una fe superficial, sostenida por emociones pasajeras y promesas vacías, carente de obediencia y compromiso genuino.

La fe que agrada a Dios reconoce Su existencia y Su soberanía, y conduce al creyente a rechazar lo incorrecto, abrazar la verdad y vivir en fidelidad y adoración sincera.
La historia bíblica nos ofrece ejemplos luminosos de una fe inquebrantable que inspiran grandes Héroes de la fe y guían. Moisés confió en lo imposible; José eligió la santidad frente a la tentación; Noé y Abraham obedecieron con firmeza, dejando huellas que marcaron a generaciones enteras. Sus testimonios revelan que la fe no solo sostiene al ser humano, sino que se convierte en una fuerza transformadora que edifica un legado espiritual para quienes vienen después, siendo de testimonios de seguir a un Dios que se glorifico en lo inposible, posible.


Ps. Melvin Poncio
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