La vulnerabilidad

La vulnerabilidad es, en esencia, la capacidad de sacar lo mejor de nosotros mismos en medio de la crisis. Es reconocer que podemos caer, pero también que con la ayuda de Dios, podemos volver a levantarnos. Aunque no es una palabra común en nuestro vocabulario espiritual, la pandemia ha hecho que muchos comiencen a nombrarla, a sentirla, e incluso a abrazarla.

Como seres humanos imperfectos, estamos en constante búsqueda de un Dios perfecto que se perfeccione en nosotros. Sin Cristo, la vulnerabilidad puede conducirnos a la autosuficiencia, justificando nuestras acciones sin temor de Dios, viéndolo todo desde una perspectiva humana y desconectada espiritualmente. Pero con Él, la vulnerabilidad se transforma en dependencia, en comunión, en sinceridad del alma.
Personalmente, he tenido momentos difíciles. Soy pastor por la gracia de Dios, y aun así he sentido debilidad. Existe un estigma persistente que dice que un cristiano no debería sentirse mal, que admitirlo es darle lugar al diablo. Pero no todo lo que sentimos es obra del enemigo: a veces el cuerpo simplemente necesita descanso, buena alimentación, y un tiempo de renovación. No minimizo la realidad de las luchas espirituales—porque son reales y profundas—pero también reconozco que hay vulnerabilidades cotidianas que nos hacen humanos.

¿Y qué quiere Dios en medio de todo esto? Que sigamos dependiendo de Él. Que nos acerquemos y le digamos con sinceridad: “Estoy cansado, no me siento bien.” A Él le agrada nuestra honestidad. No espera que finjamos gratitud vacía, sino que le abramos el corazón. Porque nadie conoce mejor nuestro corazón que Él, y lo que más desea es ser nuestro amigo fiel en cada temporada.

Te dejo este hermoso pasaje como refugio: Salmo 121.

Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? 2 Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra. 3 No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. 4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel. 5 Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. 6 El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. 7 Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma. 8 Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre.


Ps. Melvin Poncio
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