Necesitamos ser como Caleb.

Todos, en algún momento, hemos caído en la queja—ya sea por situaciones personales, familiares, laborales o de otro tipo. Naturalmente, queremos evitar el dolor, el conflicto, lo incierto. Sin embargo, al mirar la Palabra de Dios, comprendemos que la queja no es del agrado del Señor. Muchas veces, el enemigo busca que nuestra mirada se enfoque más en lo que falta que en lo que tenemos, más en la frustración que en la gratitud.
Quizás estés atravesando un desafío familiar, económico, de salud o emocional. En lugar de quejarte, te animo a que le pidas a Dios fortaleza para sobrellevarlo. Verás cómo tu corazón se llena de paz, tu actitud cambia, y aprendes a confiar más plenamente en Aquel que tiene el control de tu historia.

El pueblo de Israel lo vivió. A pesar de haber sido liberados con poder, se quejaron constantemente en el desierto. Incluso cuando los espías trajeron buenas noticias sobre la tierra prometida, dudaron de Dios y dejaron que el temor los dominara (Números 14).
Pero en medio de la queja generalizada, resalta la figura de Caleb—un hombre con un espíritu diferente. Dios le dio una promesa porque decidió creer, confiar y mantener una actitud firme. Hoy, más que nunca, necesitamos ese corazón como el de Caleb: determinado, agradecido y lleno de fe.

Números 14:24
Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.


Ps. Melvin Poncio
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