No dejes que entre…

La Biblia emplea diferentes términos para referirse al orgullo: arrogancia, altivez, jactancia, pretensión y vanagloria. Todos ellos apuntan a un corazón rebelde, que busca la honra para sí mismo en lugar de para Dios. Un corazón orgulloso no desea someterse ni rendirse ante nada ni ante nadie. El orgullo es el pecado más antiguo y el que más detesta Dios, porque aleja a Dios de nuestro corazón y elimina el temor reverente que debemos tener hacia Él.

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos experimentado orgullo. Pero ahora que conocemos a Dios, sabemos que cuando esa tendencia surge, el Espíritu Santo, en su poder, nos corrige y nos invita a ser humildes. La verdadera transformación sucede cuando Cristo entra en nuestro corazón y muere nuestro viejo yo, y surge una nueva persona en Él. La historia del rey Nabucodonosor es un ejemplo de las consecuencias de la altivez: su orgullo lo llevó a su destrucción.

Daniel 4:28-31
Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor. Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder,y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti;
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