No frustrarnos y mejor confiar.

En un mundo marcado por la incertidumbre, la ansiedad, la maldad, y los constantes ataques del enemigo, confiar en Dios se convierte no solo en una necesidad espiritual, sino en un acto de resistencia y fe. Abandonarse en Sus manos no es rendirse al caos, sino entregarse al cuidado de Aquel que sostiene el universo con Su palabra. Es reconocer que nuestra seguridad no depende de las circunstancias, sino de la fidelidad inquebrantable de nuestro Padre celestial.

El enemigo sabe que la confianza es el puente entre la promesa y el cumplimiento. Por eso lanza dardos de duda, temor, comparación y desánimo, intentando que ese puente se derrumbe. Pero hoy, en el nombre de Jesús, levantamos nuestra mirada y afirmamos.

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?” (Salmo 27:1).
El Salmo 37 nos recuerda que no debemos inquietarnos por los que prosperan en su maldad, ni dejarnos llevar por la impaciencia. En cambio, se nos invita a confiar, a deleitarnos en el Señor, a encomendarle nuestro camino y a esperar en Él. Y cuando lo hacemos, Él actúa. No solo nos guarda, sino que alinea los deseos de nuestro corazón con Su voluntad perfecta.

Salmos 37:1-7
No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía.


Ps. Melvin Poncio
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