No nos dejemos vencer.

El temor es una emoción que todos hemos enfrentado en algún momento. Es esa sensación de vulnerabilidad que nos invade cuando percibimos una amenaza, ya sea en el ámbito familiar, en situaciones de vida o muerte, o en conflictos con otras personas. Aunque no podemos evitar sentir miedo, lo que sí podemos aprender, a través de la Palabra, es cómo responder cuando el temor toca nuestra puerta.

Un ejemplo poderoso lo encontramos en Josafat, rey de Judá. Al recibir una noticia que lo llenó de temor, una amenaza militar que superaba por mucho sus fuerzas, Josafat no se paralizó. En lugar de confiar en sus recursos, buscó a Dios con ayuno y humildad, presentando su aflicción delante del Señor. Y Dios le respondió con una palabra que cambió el rumbo de la historia.

2 Crónicas 20:15
15 y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.


No siempre recibiremos la respuesta que esperamos, ni veremos el resultado que deseamos de inmediato. Pero lo más importante es que, en medio del temor, Dios nos fortalece para seguir caminando en este sendero de fe, lleno de desafíos que a veces parecen imposibles. Él permite esos momentos para glorificarse en nuestras vidas, para mostrarnos que su poder se perfecciona en nuestra debilidad
Cada historia marcada por el temor puede convertirse en un testimonio de fe. Dios quiere revelarse en medio de nuestras batallas, para que tú y yo podamos hablar con convicción de un Dios vivo, real y cercano, un Dios que no solo escuchamos, sino que experimentamos en nuestra propia vida.

Ps. Melvin Poncio
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