
No te alegres
Todos hemos experimentado la injusticia, la impotencia de no poder hacer nada, o el enojo hacia alguien que actuó mal y nos ofendió. En esos momentos llegamos a sentir rechazo, rencor e incluso odio hacia esa persona, porque sus acciones hirieron nuestro corazón. Estas emociones nos afectan profundamente, pero cuando tenemos a Cristo en el corazón, el EspÃritu Santo nos ayuda a sanar, a corregir y a arrancar aquello que no está bien, lo que en lugar de edificarnos nos destruye silenciosamente. Él sana nuestro corazón de tal manera que las heridas se convierten en cicatrices: ya no son llagas abiertas de dolor, sino marcas que nos recuerdan cuánto sufrimos y cómo Dios nos restauró.
Proverbios 24:17-19
Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón; No sea que Jehová lo mire, y le desagrade, Y aparte de sobre él su enojo. No te entremetas con los malignos, Ni tengas envidia de los impÃos;
Por eso, cuando escuchamos acerca del destino o las dificultades de quienes nos dañaron, debemos cuidarnos de no alegrarnos ni sentirnos superiores. En cambio, hemos de ser compasivos y recordar que también podrÃamos haber estado en esa situación si no hubiéramos conocido a Jesús.
Proverbios 4:23
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
Ps. Melvin Poncio
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