
Promesa sin acción no es promesa.
Es hermoso conocer las promesas que Dios ha hecho para nosotros como sus hijos. Pero no basta con saberlas o memorizarlas: es vital que nos movamos en dirección a ellas. Dios tiene bendiciones preparadas para nosotros, primero espirituales, luego materiales, pero vivimos en un entorno que invierte las prioridades, exaltando lo efímero y relegando lo eterno.
Jeremías 29:11-13
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.
Las promesas de Dios son reales, vigentes y eternas. Lo más importante es que usted y yo seamos conscientes de que no podemos quedarnos inmóviles. Necesitamos accionar, no para manipular a Dios, sino como expresión de fe, gratitud y obediencia. Es en ese movimiento que comenzamos a experimentar su gloria en nosotros y a través de nosotros. Y aunque el camino esté lleno de desafíos, la persistencia nos lleva a ver lo que Dios hará. Siempre más grande de lo que imaginamos. No nos conformemos con promesas sin acción.
¿Cómo podemos accionar esas promesas?
Aquí comparto algunas claves que nos ayudan a caminar hacia lo que Dios ha dicho:
- Obediencia: Responder con fidelidad a lo que Dios nos pide.
- Humildad: Reconocer que dependemos de Él en todo.
- Persistencia: No rendirse, incluso cuando no vemos resultados inmediatos.
- Rogativas y oración: Buscar su presencia con sinceridad y constancia.
- Lectura de su Palabra: Conocer su voluntad y afirmarnos en sus promesas.
- Moverse en fe: Actuar creyendo, aunque aún no veamos.
Ps. Melvin Poncio
Descubre más publicaciones