
¿Quíen eres?
Cada vez nos relacionamos con más personas, ya sea de manera consciente buscando conocerlas o inconsciente, simplemente por la convivencia diaria. Esto da como resultado que más personas nos conozcan y que nosotros conozcamos a otros. Quienes nos rodean forman una idea de quiénes somos: algunos tienen una percepción limitada, otros más completa, considerando nuestra familia, ocupación, rasgos y cualidades. De esa mezcla de virtudes y características, las personas elaboran una descripción de nuestro carácter.
Muchas veces buscamos mantener una posición aceptable dentro de nuestro entorno, procurando ser vistos como “buenas personas”. No es malo conservar una buena reputación, pero ese no debe ser nuestro objetivo principal. Lo que realmente importa es quiénes somos en Dios.
Juan 1:12
12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios.
Con frecuencia intentamos cumplir expectativas culturales y sociales —nivel académico, económico o estatus— para ser alguien en la sociedad. Sin embargo, todo eso pasa a segundo plano frente a lo más importante: ser hijos de Dios. Al inicio, muchos pensamos equivocadamente que todos los seres humanos somos hijos de Dios. Pero al seguir a Jesús y estudiar Su Palabra comprendemos que estábamos equivocados: todos somos parte de Su creación, pero hijos de Dios son únicamente aquellos que hacen la voluntad del Padre.
La Biblia nos muestra un ejemplo en los evangelios: cuando María y los hermanos de Jesús lo buscaban, alguien le dijo: “Maestro, te buscan tu madre y tus hermanos”. Jesús respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Mis hermanos y mi madre son los que hacen la voluntad de mi Padre”.
Si aún no eres hijo de Dios —como me sucedió a mí en un tiempo de confusión— hoy puedes llegar a serlo. Solo necesitas reconocer a Jesús como tu Salvador, pedir perdón por tus pecados y comenzar a caminar en el camino que Él trazó para ti y para mí.
No lo pienses más. Dios ha usado diferentes medios para llamarte y darte la oportunidad de ser Su hijo. Hoy mismo puedes comenzar una nueva vida como hijo de Dios.
No permitas que la duda, el temor o el miedo a dejar aquello que te ata te detengan. Nada de eso es más fuerte que el amor y el poder de Cristo. Si sigues postergando esta decisión, puede llegar a ser demasiado tarde.
Este es el momento de responder al llamado de Dios, reconocer a Jesús como tu Salvador y dejar que Él transforme tu vida.
Ps. Melvin Poncio
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