
¿Quieres estar enfemo?
La respuesta es un rotundo NO. Nadie quiere estar enfermo. No importa si la enfermedad que hemos experimentado ha sido grande o pequeña, siempre resulta incómoda y nos roba bienestar.
A veces la enfermedad no es solo física, también puede ser espiritual: una atadura, una cadena que nos mantiene cautivos. En esos momentos deseamos ser sanos, libres y rescatados. Sin embargo, muchas veces respondemos o evadimos nuestra verdadera condición, buscando únicamente el resultado final sin reconocer que debemos tomar una acción.
Juan 5:6-7
6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
El paralítico de Betesda es un claro ejemplo. Cuando Jesús le preguntó si quería ser sano, su respuesta no fue afirmativa; en lugar de eso, se justificó y no contestó lo que se le había preguntado. Así también nosotros, en ocasiones, cuando Jesús quiere liberarnos de aquello que nos aflige y nos enferma, terminamos justificándonos en vez de aceptar su poder sanador.
Hoy te invito a reflexionar:
- ¿Qué es eso que no puedes dejar?
- ¿Qué es lo que aún no has entregado por completo?
- ¿Qué es lo que siempre evades?
- ¿Qué es lo que te tiene atado e impide tu libertad?
Dios quiere sanarte, así como lo hizo con el paralítico de Betesda. Levántate y toma una decisión determinante con Aquel que lo puede hacer todo.
Ps. Melvin Poncio
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