Solo Él es.

Dios no comparte su gloria con nadie. No podemos decir que lo amamos mientras tenemos ídolos ocultos, ya sean materiales o simbólicos, como ciertas prioridades que ocupan nuestro corazón. Cada uno de nosotros es responsable de agradar o desagradar a Dios, lo cual incluye la capacidad de detener las acciones de nuestros padres si estas nos alejan de su voluntad. No buscamos obligarlos, pero sí debemos evitar quedar afectados por decisiones que puedan alejarnos de su camino, especialmente cuando no siempre tienen la razón. Esto nos recuerda el ejemplo del rey Asa, quien enfrentó reinos anteriores que practicaban el mal, pero que, al buscar a Dios y honrarlo, gobernó Judá con justicia y rectitud ante los ojos del Señor.

Debemos cuidar nuestras acciones para no desagradar a Dios. Busquemos siempre agradarle, evitando idolatrías y colocando solo a Dios en el centro de nuestras vidas, porque Él es el único digno de nuestra adoración y dedicación.

1 Reyes 15:9-15
En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá. 10 Y reinó cuarenta y un años en Jerusalén; el nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom. 11 Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre. 12 Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho. 13 También privó a su madre Maaca de ser reina madre, porque había hecho un ídolo de Asera. Además deshizo Asa el ídolo de su madre, y lo quemó junto al torrente de Cedrón. 14 Sin embargo, los lugares altos no se quitaron. Con todo, el corazón de Asa fue perfecto para con Jehová toda su vida. 15 También metió en la casa de Jehová lo que su padre había dedicado, y lo que él dedicó: oro, plata y alhajas.
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