Tendremos victoria

Dios tiene innumerables promesas para cada uno de sus hijos, para quienes han decidido seguir a Jesús. Antes no éramos parte de su familia, pero por su gracia y misericordia ahora nos ha hecho ciudadanos de su Reino. David, un personaje admirable, escribió el Salmo 34 inspirado por Dios, testificando lo que había experimentado y mostrando lo que el Señor hace con sus hijos.

Salmos 34:4-6
Reina-Valera 1960
Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados.  Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias.

Dios conoce cómo te encuentras hoy, y desea que nos rindamos como lo hizo David: entregar nuestra vida, nuestras penas y aflicciones, adorando y exaltando al único y verdadero Dios. Él nos escucha, obrará en su tiempo, cumplirá sus promesas y no permitirá que quedemos avergonzados. El Dios que servimos se manifiesta con fidelidad.

Recuerdo el ejemplo de mi madre, quien durante mucho tiempo clamó por nuestra familia cuando estábamos muy perdidos. Ella perseveró en oración, confiando en la misericordia de Dios. Hoy su clamor es un testimonio vivo de que el Señor no abandona a sus hijos ni los deja avergonzados. Él es fiel.

Por eso, no dejemos de orar, no dejemos de adorar, no dejemos de buscar su presencia. Si permanecemos en Él, veremos a Dios obrar en su voluntad perfecta en nuestras vidas.

Ps. Melvin Poncio
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