Un corazón de servicio


Hechos 9:36-42
Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros. 39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. 42 Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.


Esta historia nos revela el poder de un corazón agradecido que ha sido transformado por Jesús. Ella no solo creyó, sino que vivió su fe sirviendo con amor a las viudas y necesitados, usando su talento como costurera para bendecir a otros. Ser discípulo de Cristo implica reflejarlo en nuestras acciones, dejar atrás lo malo, predicar con el ejemplo y vivir con propósito. La gratitud verdadera se manifiesta en obras que nacen del Espíritu, no para ganar méritos, sino como fruto de una vida rendida.

¿Qué estás haciendo tú para la obra de Dios? ¿A quién estás ayudando, guiando, testificando? Todo lo que hacemos para Él tiene recompensa, y en los momentos más difíciles, Él se glorifica. Así como Dios no terminó con Dorcas, tampoco ha terminado contigo. Aunque ella murió, su testimonio movilizó a otros, y Dios respondió con poder, transformando el lamento en gozo. Hoy es el momento de reconocer si hemos sido agradecidos como Él desea, y decirle: “Señor, quiero más de ti y menos de mí.”

Ps Melvin Poncio

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