Un estilo de vida sin fingir.

Ser cristiano evangélico en nuestra generación parece algo común, quizá no tan impactante como lo fue en tiempos pasados. Antes, quienes se declaraban cristianos evangélicos daban testimonio con su vida de un cambio radical, fruto de un verdadero encuentro con Jesús. Con el paso del tiempo, esto se ha disipado en muchos casos no en todos, por supuesto, pero sí en gran parte, al punto que las personas que aún no conocen a Cristo tienen argumentos y comentarios que dejan mucho que desear respecto a lo que realmente significa ser un cristiano evangélico.

2 Corintios 3:2-3


2 Ustedes mismos son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos. 3 Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida[a] por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones.


El mal testimonio de quienes aparentan ser cristianos, pero llevan una doble vida, no solo engaña a los demás, sino que se engañan a sí mismos, olvidando que Dios no puede morar en dos fuentes de agua. La Biblia nos recuerda que somos cartas abiertas ante la sociedad, y lo que hacemos habla más fuerte que lo que decimos.
Por eso debemos pedirle constantemente a Dios, dominio propio, templanza y bondad: los frutos que Él desea ver en sus hijos. Tal como dice Su Palabra: “Por sus frutos los conoceréis”.

Tenemos que ser conscientes de que nuestra responsabilidad no es mostrar una apariencia religiosa, sino reflejar un verdadero estilo de vida transformado por Dios. Aunque el evangelio esté siendo menospreciado por algunos, tú y yo somos llamados a ser la luz que aún brilla en la tierra. Esa luz puede resplandecer en cualquier lugar, sin importar la condición o circunstancia que enfrentemos. Dios nos sostendrá y nos ayudará a permanecer firmes si seguimos siendo obedientes a Su Palabra.

Ps. Melvin Poncio
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