Una noticia no creída

En una generación llena de distracciones los medios de comunicación, las redes sociales y todo lo que sucede a nuestro alrededor es fácil perder el enfoque en nuestro caminar con Dios. Incluso dentro de la iglesia pueden surgir distractores que nos desenfocan del propósito. La Biblia nos habla del camino a Emaús, una aldea cercana a Jerusalén, donde dos discípulos se dejaron distraer y no mantuvieron la mirada en lo esencial. Ellos habían creído, pero también dudaron de la noticia de que Jesús había resucitado.

Lucas 24:30-32

30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

Dios no quiere que nos pase lo mismo. Su corazón no ardía por el Señor, y vemos cómo hoy también el amor de muchos se ha enfriado. Ya no preocupa faltar a un servicio, y aunque hay días en que realmente no se puede asistir, también hay ocasiones en que sí se podía y no se fue, o incluso se estuvo presente pero el corazón no ardió en gratitud en la casa de Jesús. Eso nos puede llevar a vivir como aquellos dos hombres: dentro o fuera del templo, con un corazón apagado. Dios busca personas agradecidas, que ardan por Jesús, que no hagan las cosas por costumbre sino por amor. Lo interesante de esta historia es que ellos estaban ciegos espiritualmente, y fue cuando Jesús salió a su encuentro que les abrió las Escrituras desde Moisés hasta los profetas. Finalmente, al partir el pan, sus ojos fueron abiertos. Muchos conocen la Biblia, la leen, pero no se alimentan de la Palabra de Dios de manera espiritual.
Familia, cuidemos que nuestro corazón arda siempre. No permitamos que se enfríe ni se descuide. Mantengamos el enfoque en Cristo y no dejemos que las distracciones nos aparten del propósito.
ORAMOS -Señor Jesús, perdóname por no valorar lo que Tú eres en mi vida. Perdóname por las veces en que me he distraído, siendo solo un espectador y no un verdadero discípulo. Haz que mi corazón arda por Ti. Atráeme a Tu presencia, quita de mí todo lo que no te agrada y ayúdame a identificar aquello que me desenfoca de Tu propósito

Ps. Melvin PONCIO

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